Monday, March 7, 2011

Los principios innatos del alma: La Cosmo-ética

Por Analaura Trivellato, IAC Londres

“Ser o no ser…” El Hamlet de Shakespeare es la representación eterna de la complejidad humana.

Se han dedicado muchos estudios académicos a establecer la “ética normativa” según la cual se puedan definir las normas estándar; se han creado documentales para fomentar el debate y clarificar temas como el aborto, la eutanasia, el derecho parental, los matrimonios forzados y las diferencias culturales. El programa de radio “Inside the Ethics Committee” de la BBC nos muestra los desafíos a los que se enfrentan muchos profesionales, a día de hoy, en diferentes áreas.

La ética moderna tiene sus raíces en los debates iniciados por Lao-Tse y Confucio en China o Platón y Sócrates en Grecia hace aproximadamente 2500 años. Mientras que los preceptos morales se basan en los fundamentos principalmente históricos y sociales que conforman las responsabilidades que una sociedad dada requiere de sus miembros, la ética se centra en una perspectiva mucho más amplia que la toma de decisiones "correctas o incorrectas" sobre la vida.

Así como un veredicto debe tomar en consideración todas las perspectivas de una situación dada con el propósito de que el resultado permita el mejor desarrollo posible del caso, los detalles concretos de cada caso son puntos críticos de dilemas éticos. Sin embargo, la complejidad de la moralidad de la Tierra no es nada comparado con la ética multi-dimensional, llamada cosmo-ética en los estudios concienciológicos. Mientras la ética considera todo el contexto (p.e., lo cultural, lo psicológico, y lo educativo) de cada caso, la cosmo-ética implica un análisis mucho más amplio, teniendo en cuenta las circunstancias de las vidas pasadas y los posibles efectos ejercidos por seres extrafísicos y energías sutiles. Al abarcar tanto, la cosmo-ética es aplicable a cualquier cultura, mundo o dimensión.

Ya que la cosmo-ética es tan amplia y compleja, los individuos deben aplicar la lucidez y el discernimiento; Así, lógicamente, cuanto más sepa uno sobre dimensiones físicas y espirituales, mejores serán las decisiones sobre cómo actuar en cada caso.

Realmente, madurar internamente y convertirse en seres más evolucionados, implica adquirir habilidades no-físicas, que, a cambio, nos aportarán una mayor cosmo-ética. Lo que hemos aprendido a través de todas nuestras vidas anteriores es lo que conforma lo que somos hoy día y define la cualidad y la fortaleza de nuestros principios personales, por ejemplo, nuestra cosmo-ética. Esto explicaría cómo, algunos individuos, incluso viviendo en condiciones adversas, siguen teniendo unos firmes y nobles principios. 

Todas las personas que se cuestionan el significado de la vida y que valoran la rectitud están interesadas en la ética. Los lectores de este artículo están probablemente en este grupo.

La medida ideal del grado evolutivo de una conciencia es la cosmo-ética, pero, de nuevo, ¿quién se considera suficientemente lúcido como para establecer esos criterios? Esta es la mejor manera de alcanzar un mayor auto-conocimiento y una consciencia extra-sensorial para poder llevar a cabo una auto-evaluación y tomar decisiones que favorezcan la evolución personal.

Un elemento crítico para alcanzar esta consciencia multidimensional es experimentar de primera mano y comprender las dimensiones extrafísicas de la vida, de las que venimos y a donde volveremos tras la muerte. Para esto, la experiencia fuera del cuerpo proporciona una buena herramienta, ya que nos proporciona los medios para vernos a nosotros mismos en la “forma espiritual”, libres de las máscaras y de la “amnesia” que experimentamos en la vida física. 

Por esta razón, la proyección astral consciente, - un fenómeno natural que puede experimentar cualquier persona – es un recurso muy valioso. Entre otras posibilidades, permite que uno identifique las “leyes de causa y efecto” cósmicas, permite expandir las habilidades psíquicas y adquirir conocimientos sobre el componente extrafísico de la vida.

Progresar en el aprendizaje de las experiencias extrafísicas puede hacer avanzar nuestra comprensión de la cosmo-ética y, como en un círculo cerrado, cuanto más aplicamos la cosmo-ética en nuestra vida multidimensional, más libertad (y responsabilidad) espiritual alcanzamos.

¿Cómo sería la sociedad si hubiera más gente que pudiera experimentar las experiencias fuera del cuerpo de manera lúcida? A menudo, las personas que pasan por esta experiencia, comienzan a valorar la vida de una forma más sabia, respetan más a los demás, cambian sus prioridades a mejor y se hacen más responsables y éticos. Muchos renuevan toda su vida, y dejan de lado las convenciones de la sociedad y adoptan estándares y principios que están más acordes con la idea de que todo importa, incluyendo los deseos propios, ya que en las dimensiones espirituales y energéticas todo es objetivo. El hecho indiscutible de que no somos sólo nuestros cuerpos y cerebro físicos guía sus actos. Así, comienzan a entender la vida a través de una nueva perspectiva, un paradigma diferente.

La EFC lleva inevitablemente a tener un mayor equilibrio y sabiduría además de unos mayores estándares. Esto nos ayuda a mejorar las habilidades psíquicas y la comprensión general del proceso evolutivo en el que estamos inmersos. Genera un sentimiento de inmortalidad y como consecuencia, responsabilidad por las repercusiones de las actitudes personales en la vida, y en los otros (ya sean seres físicos o extrafísicos) así como en las vidas futuras. Esto, lógicamente, hace a las personas más cosmo-éticas.

No es sólo nuestras acciones o nuestros actos observables lo que se considera en la cosmo-ética, también los pensamientos y las intenciones que les acompañan. Hacer o no hacer algo exclusivamente porque hay una ley que nos lo impone no es el ideal, pero es lo menos malo entre dos opciones, vista la falta de cosmo-ética de parte de algunos.

Los pensamientos y los sentimientos conllevan energía. Estos tres elementos no pueden separarse en nuestro nivel de evolución. Esto crea un tipo de energía que forma un concepto llamado pensene en la terminología concienciológica (pensamiento + sentimiento + energía). Nuestra bioenergía per se es neutral, pero nuestros pensamientos y sentimientos le aportan cualidades. Esto explica por qué a veces nos sentimos afectados por otras personas. Aunque no haya un acto físico por su parte, sus energías nos afectan. 

Si nuestros pensamientos afectan a otras personas, entonces, nuestros pensamientos, nuestro paradigma individual, nuestro sistema de referencia, usado para interpretar y comprender el universo, en consecuencia, interferirá en las relaciones que establezcamos, haciendo que sean más (o menos) cosmo-éticos. Pero la cosmo-ética no es un conjunto de reglas de conducta intercambiables. Todos los seres vivientes evolucionan continuamente (incluso si no lo saben o si van muy despacio) por lo tanto, nuestros principios personales y valores necesitan ser revisados y reanalizados constantemente ya que van cambiando a medida que evolucionamos.

Esto es una complejidad añadida a la cosmo-ética, ya que no es sólo una mera especulación filosófica. Aquí hay dos aspectos que se pueden considerar:

(a)          es entender intelectualmente el concepto de la cosmo-ética (multidimensionalidad, rectitud, moral cósmica que va más allá de las convenciones sociales/psíquicas), y
(b)            es aplicarlo y vivir de acuerdo con él, acatarlo. Esto es lo que llamamos Teática, la unión de la teoría y la práctica, la coherencia de alinear las cosas que dices y que haces, con lo que sabes y piensas.

Algunas personas pueden estudiar, entender e incluso promover una teoría muy elegante, pero no necesariamente aplicarla a sus propias vidas. Una vez que uno entiende la cosmo-ética, todavía tiene su libre albedrío para aplicarla o no. Cuando alguien traiciona sus propios principios y valores, adquiridos a lo largo de muchas vidas, llevan a cabo una especie de auto-sabotaje, algo que puede llegar a ser auto-corrupción.

Como regla general uno debería centrarse en qué es lo mejor para el mayor número de personas. Una vez que la persona tiene un nivel mayor de cosmo-ética, es natural que lo aplique sin esfuerzo. No hay crisis, dudas o intentos de sacar ventaja; sólo paz de espíritu y la certeza de aplicar lo mejor del conocimiento personal en un momento dado. Seguir los principios personales es la mejor decisión pero esto debe ser un sentimiento genuino, algo que viene del centro del micro-universo personal.

Tenemos que atrevernos a aplicar el nivel de rectitud más alto a pesar de cualquier tipo de influencia o presión. Somos los únicos responsables por nuestras acciones y pensamientos. No podemos cambiar el nivel evolutivo de otros contra su voluntad, pero podemos mejorar el nuestro y proporcionarles la asistencia necesaria para que mejoren el suyo.

Se puede vivir, definitivamente, con mayor cosmo-ética de lo que hacemos; y es una decisión enteramente personal, independientemente de las circunstancias externas. Cada individuo que intente alcanzar este objetivo con determinación y lealtad a sus propios principios, será un ejemplo para los otros y estará aportando su granito de arena para elevar el nivel de cosmo-ética de este planeta.

Analaura Trivellato es profesora en la oficina de la IAC de Londres. Este artículo se publico originalmente en Italiano